"Cuanto gilipollas e imbécil preocupado por salir en la foto, por hacer fiestecitas, por posar en la veranda mientras la infantería de este país rumia y pasta ajena al mercachifle. Cuánto imbécil por metro cuadrado, cuánto inútil gobernando y gobernado. Cuánto irresponsable, arriba y abajo, preocupado por soplapolleces."- Rafael Magdalena
Cuanta verdad.
No se qué me pasa ultimamente. Quizás empecé a odiar demasiado pronto. Quizás me he acostumbrado. Quizás ha empezado mi metamorfosis (hoy dormiré boca abajo, por si acaso). No se. La cuestión es que me siento muerto cuando veo, me entero, oigo a una persona, un comentario, un hecho, un acto que, por su actitud, por la impotencia que causa o por qué se yo, antes hubiera generado en mí un odio ciego. Ahora ya no. Ahora ya no es odio, ahora no es más que una enorme indiferencia, un "por mi como si se la frotan en una lija y luego la mojan en sal". Antes no era así. En ese odio quedaba un punto de esperanza, un "no sabe lo que hace, ya se dará cuenta; ya le darán cuentas". Pero no es ni será asi. Quizás sea por eso; ni es ni será asi.
Esta indiferencia me lleva a el asco. No quiero vivir rodeado de gente así. Yo quiero irme de aquí. Quiero desaparecer. Quiero dejar de existir. Pienso luego existo, cogito ergo sum que decía Descartes. Cuanta razón.

